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Según Wikipedia, la generosidad se define como “el hábito de dar y entender a los demás. Comparado a menudo con la caridad como virtud, la generosidad se acepta extensamente en la sociedad como un hábito deseable.” Ligada a la gratitud, une para siempre al que ofrece su ayuda con el que la recibe.

¿Es un valor fundamental o simplemente deseable en la gestión de las personas en las organizaciones?

Según la RAE, la generosidad es la “Inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés.” Intuyo en esta definición, la propiedad de hacer algo bueno, sin esperar retorno. Y si le pregunto a mis hijos qué es para ellos ser generoso, el pequeño (de 14 años) la define como “alguien que comparte de todo, que dona a gente que necesita cosas… ” y el mayor (de 19 años), lo define como “dar sin esperar recibir”. Yo coincido con él. Para mí es dar, sin esperar nada a cambio, nada más que sentir el propio placer y satisfacción de hacer feliz a otro.

En mi formación como coach ejecutivo y estratégico, todas las corrientes y escuelas a las que he asistido, definen los valores de su comunidad, y siempre la generosidad está entre ellos. Esta formación profunda en el conocimiento personal de uno mismo, para después poder acompañar a otros a hacer lo mismo, me ha llevado a definir (más bien a descubrir) mi propósito de vida, y detectar los valores que, no siempre siendo los más practicados, se declaran explícitamente como básicos para construir un mundo mejor. En este caso la generosidad aparece por encima de muchos otros.

En el día a día buscamos el retorno de todo lo que nos supone un esfuerzo, pero en este caso, prevalece la satisfacción de no tenerlo. Yo le digo a mis hijos: “Cuando trabajéis, no pidáis nunca una subida de sueldo; dad, sed generosos, dad, hacedlo bien… siempre vuelve. Puede ser que no en el momento que esperamos, ni en la forma, pero siempre vuelve. Sed generosos.”

Hoy quiero hacer un homenaje a la generosidad, y contar un ejemplo vivido en estos últimos tiempos. Mi hermano Pedro tuvo un accidente cuando era muy pequeño, que le provocó unas lesiones en la cabeza. En sus primeros 40 años de vida se ha desarrollado y ha trabajado, casi siempre en épocas de bonanza o ayudado por mis padres, incorporado en un entorno laboral del mundo de la logística en el que se había integrado absolutamente, pero la crisis ha hecho mella en la economía española y cada vez ha sido más difícil encontrar un trabajo cuando las empresas han tenido que recortar su personal para hacerlas sostenibles. Y hace ahora cuatro años tuvieron que prescindir de él, como de muchos otros trabajadores. Pedro ha buscado trabajo, durante los últimos años, sin descanso, sin éxito, y sus ingresos y sus cargas hipotecarias, como también las de muchos españoles, le ha hecho perder el ánimo, las ganas de seguir y en algunos casos, hasta la dignidad.

Siempre hemos considerado que podíamos gestionar el reconocimiento de una discapacidad leve, pero suficiente, para tener algún beneficio y que ahora, quizás, resultase ser una capacidad competitiva para salir del desempleo. Reconocimiento que muchos médicos nos han negado, porque resulta trabajoso reunir evidencias, pruebas, elementos históricos, emplear tiempo en ayudar a alguien, y crear una documentación en la que quedase patente que a veces la vida te da tristezas, momentos duros que condicionan una vida, pero que en otro momento se pueden volver ventajas.

Un día tuve la oportunidad de poder compartir mis experiencias como Directora de Capital Humano de Sage Spain sobre la gestión del cambio con un gran número de profesionales de Recursos Humanos en el I Congreso de Recursos Humanos de APD. Varios de ellos se pusieron en contacto conmigo a posteriori para debatir sobre el tema expuesto, o para compartir otras experiencias. Una de ellas fue Sonia, Directora de Recursos Humanos del Grupo AMÁS, una organización que apoya, ejerce, impulsa y defiende los derechos de las personas con discapacidad intelectual ubicada en la Comunidad de Madrid. Grandes personas para grandes objetivos. Conversamos sobre posibilidades de colaboración y al final no pude dejar de contarle el caso de Pedro. La respuesta fue inmediata. A los pocos días, Nacho, psicólogo de la asociación AMÁS se puso en contacto conmigo para ayudar a Pedro a gestionar, sobre todo, con mucho cariño y sin esperar nada a cambio, el reconocimiento por parte de la Administración de algo que había estado allí siempre y que le ayudaría a volver a incorporarse al mundo laboral… Meses de entrevistas y de involucración.

Pedro ya está trabajando.

Durante mucho tiempo, hasta alcanzar el objetivo, he hablado varias veces por teléfono con Nacho. Me le he imaginado, su voz me ha transmitido mucho… Hace solo unos días, una vez obtenido el certificado, he ido a conocerle a uno de sus centros, donde cuidan a muchas, muchas personas totalmente dependientes por su incapacidad intelectual. El rato en la sala de espera ya fue una lección de vida, los residentes pasaban por delante de mí y me saludaban… pero más satisfactorio fue dar un abrazo largo (de esos estrechos de más de 6 segundos, de esos que generan endorfinas “a saco”…), a alguien que acabas de conocer. Nacho, gracias. Estamos conectados para siempre.

Y este tipo de comportamientos, ¿son frecuentes en las organizaciones? ¿resultan beneficiosos para incrementar el compromiso de los trabajadores? ¿pueden llegar a convertirse en valor fundamental del comportamiento de los líderes de las empresas? ¿Puede repercutir en los resultados de las compañías?

Mi respuesta es rotunda. No es un deseo, ni una aspiración. Es una realidad vivida y compartida. Sí, la generosidad puede constituir un pilar de éxito en una organización. El compromiso y la colaboración de los empleados necesita de la generosidad para existir de manera cierta, real y verdadera. Al fin y al cabo, la generosidad es amor. Cadenas de favores. ¿Quién niega la potencia del “networking” en el éxito de una carrera profesional? Nadie, y la consistencia de una red de contactos no puede alimentarse de otra manera que a través de la generosidad.

Seamos generosos y estaremos unidos, conectados para siempre. Desde el corazón.

Artículo de Susana Hidalgo, coach ejecutivo y de equipos CORAOPS, fundadora de Lovemotif.

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