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Para empezar te propongo un juego, ¿con cuál de estas tres frases te sientes más identificado?

  1. “Puedes continuar y las piernas te dolerán por una semana o puedes renunciar y tu mente te dolerá por toda la vida.” Mark Allen – Ironman Man
  2. Por que sólo aquellos que se arriesgan a ir muy lejos…pueden llegar a saber lo lejos que pueden ir…” (T.S. Eliot)
  3. Ahora me importa más la preparación que el torneo de Wimbledon, en tratar de llegar bien Rafa Nadal, al día siguiente de ganar su sexto Roland Garros

Las dos primeras hablan de deportistas exigentes. La exigencia es la obligación de hacer las cosas de la mejor manera. Por el contrario, Rafa Nadal nos presenta un ejemplo de excelencia, en el sentido de tener la actitud e interés por hacer las cosas del mejor modo que uno pueda.

Rafael Nadal Excelencia en el deporte

Desde niños se nos inculca la importancia de esforzarnos para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores, para superarnos en los estudios, en el trabajo y en el deporte.

Con frecuencia encontramos deportistas que asumen este tipo de creencias con gran convicción y que se exigen enormemente a sí mismos. Esta exigencia se orienta sobre todo a obtener resultados para cumplir con el “mandato” de tu entrenador o del club al que representas (y que te paga), en definitiva complaciendo a otras personas (una afición, tu mujer, etc…), olvidando muchas veces tu propia necesidad, lo que es importante o deseable para ti.

En este proceso de complacer y de cumplir con mandatos que vienen de los demás se encuentra mucha insatisfacción, porque la exigencia nunca se sacia, los logros nunca son suficientemente buenos, las cosas siempre pueden hacerse mejor… Desde este enfoque, son habituales los pensamientos enfocados a mirar lo que falta o lo que no se pudo completar y también las descalificaciones porque el esfuerzo no fue suficiente.

Los deportistas comprometidos con la exigencia tienen dificultades para separar “lo que soy” de “lo que hago”, así es que cuando las cosas salen mal lo viven como un gran fracaso; cuando los demás hacen una crítica, lo viven como una crítica personal y sienten amenazada su propia integridad o su profesionalidad. Los deportistas comprometidos con la exigencia tienen mucha más dificultad para aceptar otros puntos de vista y admitir críticas o sugerencias.

La excelencia, sin embargo, no mira tanto el hacer y los resultados, como el ser y mi compromiso con mis objetivos, con aquello que es prioritario para mí. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, más que en la meta. Como decía Nadal, “me importa más la preparación que el torneo”. En el camino hay aprendizaje, creatividad, potenciación de mis habilidades, disfrute, celebración…  Si algo sale mal, no soy yo, es una parte de lo que hago lo que se puede mejorar.

Los deportistas comprometidos con la excelencia viven el fallo como una oportunidad de aprendizaje, no como un fracaso. Buscan alternativas, aceptan otros puntos de vista, admiten las críticas y las sugerencias, porque no se sienten amenazadas y cualquier aportación es una oportunidad para seguir aprendiendo y avanzar hacia el objetivo.

La excelencia nos permite acercarnos a aquello que queremos realmente y lo que nos gusta. Por este motivo decimos que, desde la excelencia, la posibilidad de conseguir resultados aumenta considerablemente.

Dependiendo del deportista y de la situación, se puede llegar a diferentes grados de desempeño, sin embargo si las personas han demostrado la actitud y el interés por hacerlo de la mejor manera posible estarán en la excelencia.

Resumiendo, deportistas que actúan desde la exigencia dirán:
•    “ Si no lo consigo seré un fracasado”.
•     “Yo soy muy exigente conmigo mismo  y con los demás…
•     “Si realmente quieres lograr la excelencia, entonces debe ser exigente”.

En cambio, los que viven buscando la excelencia dicen:
•    “ Voy a hacer todo lo que está en mi mano…”.
•     “ No lo he conseguido pero he aprendido….”.
•    “ Estoy comprometido con mi objetivo”.

Y después de esto, ¿cómo quieres tú vivir el deporte? ¿y tu vida personal?

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