Los peligros de ser “demasiado” sincero en el trabajo

Los peligros de ser “demasiado” sincero en el trabajo
25/04/2012 Maite Gómez Checa

Hay algunas personas que piensan que ser sincero en  el trabajo es decir todo lo que se piensa, sin embargo, me gustaría hacer una reflexión sobre la sinceridad y la sinceridad extrema o “sincericidio”.

Distinguir sinceridad y “sincericidio” a veces resulta complicado

Pensemos en nuestro ámbito profesional, las personas sinceras transmiten sentimientos positivos de confianza y  autenticidad. Las personas insinceras nos generan desconfianza y falsedad. Existe una fuerte relación entre sinceridad y confianza, cuando la confianza se ve amenazada, las relaciones se resienten y cuesta restaurarlas.

desconfianza laboral

Sin embargo hay personas que tienen dificultad en distinguir la sinceridad con el “sincericidio”, me refiero a aquellas personas  que creen que ser sincero es  decir lo que uno piensa en todo lugar y situación, en vez de poner el foco en las consecuencias y cómo puede afectar a la otra persona.

Estas personas creen que están legitimadas a decir lo primero que se les viene a la cabeza porque se amparan en la creencia que dicen las cosas al otro por su bien. También hay personas que sostienen la idea de sentirse en posesión de la verdad y no reconocen que  pueden existir otras maneras de observar o percibir la realidad, distintas de la suya.

Pautas para gestionar la sinceridad en el trabajo

Quiero compartir a continuación algunas pautas que pueden ser de utilidad para gestionar la sinceridad de manera productiva en nuestro trabajo.

  1. Identificar el momento y lugar oportuno para expresar lo que uno piensa.
  2. Expresar que lo que pienso es mi opinión, dejando el espacio al otro a que pueda expresar la suya.
  3. No decir lo contrario de lo que se piensa.
  4. Enfocarnos en el comportamiento o en el hecho que queremos comunicar, en lugar de en la persona.
  5. Hablar de cómo me siento o como me relaciono con ese hecho, buscando nuevas posibilidades. Poniendo el foco en uno mismo y expresando de manera legítima mis sentimientos, sin juzgar la manera de ser del otro.
  6. Potenciar la conversación para abrir nuevas posibilidades

Ejemplos de una buena gestión de la sinceridad en el entorno profesional

Por ejemplo, si en nuestro ámbito laboral un colaborador no ha terminado la tarea a la que se había comprometido y eso nos afecta en nuestro trabajo. Podemos actuar de diferentes maneras, una podría ser no decirle nada, esta manera sería insincera y poco productiva por nuestra parte ya que pensamos que nos está afectando a nuestro trabajo sin embargo no nos atrevemos a decirlo.

dice lo que piensa

Otra podría ser , decirle lo primero que se nos venga a la cabeza etiquetando a la persona, eres un vago, un desastre,… y generando un conflicto y ataque hacia la persona, con el consiguiente deterioro de la relación. Sin embargo estas maneras de no comunicar o comunicar extremas no son efectivas para generar relaciones efectivas.

Tomar conciencia del impacto que pueden provocar nuestras palabras y sus posibles consecuencias implica un mayor conocimiento de nosotros mismos.

Sinceridad sí, pero primero con nosotros mismos

A modo de ejemplo podríamos establecer una conversación sincera y productiva siguiendo las pautas anteriormente descritas: elegiríamos el lugar y momento adecuado, le diríamos cómo nos sentimos, por ejemplo me siento preocupada porque te habías comprometido a terminar esta tarea y  esto a mí me  afecta en… siguiendo con una conversación para abrir  posibilidades, pidiéndole al otro qué podría hacer al respecto y cuál va a ser su compromiso.

jefe pensando

Esta manera de gestionar una conversación, permite ser sinceros con nosotros mismos y con el otro, generar un espacio donde yo doy mi opinión pero también estoy abierto a escuchar la opinión del otro, respetando, sin juzgar a la otra persona y poniendo el foco en cuidar y no deteriorar la relación, consiguiendo abrir un espacio de  nuevas posibilidades

Tomar conciencia del impacto que pueden provocar nuestras palabras y sus posibles consecuencias implica un mayor conocimiento de nosotros mismos. Para ello, podemos aprender a hacernos nuevas preguntas: ¿Para qué voy a tener esa conversación? ¿Qué ventajas e inconvenientes obtendré en esa conversación? ¿Cómo puede afectarle o afectarme esto que voy a decirle? ¿Cómo y qué voy a decirle?


Publicado en la revista Psicología Práctica Nº157 (p19)

0 Comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*