El cambio es una realidad a aceptar. Todo está en continuo devenir, como ya afirmara el sabio Heráclito. Durante las 24 horas del día, afrontamos múltiples situaciones en las que tenemos que cambiar, tomar infinidad de decisiones y actuar.
Eso requiere que podamos pensar con claridad para elegir la opción acertada: la que más nos empodera y alinea con nuestros propios propósitos personales y con nuestros objetivos profesionales. Es un arte que hemos de atender y cultivar.
Si planteamos, de manera certera, las situaciones que nos tensan, que nos provocan miedo o incertidumbre y nos producen quiebres emocionales, buena parte del “problema” está resuelto.
Este pensamiento crítico nos hace crecer como personas y nos ayuda a extraer lecciones, que nos aportan sensatez y claridad. Y el Coaching Ejecutivo es un soporte esencial en la definición de ese qué cambiar y cómo hacerlo.

Ante los problemas, surge la incertidumbre y la forma de avanzar es afrontar, no huir. Esa desazón es como el ruido estridente de una alarma de incendios: molesta y, sin embargo, es necesario que se active para focalizar, atender e investigar qué ocurre.
Es un mecanismo adaptativo que nos permite avanzar, que conviene aceptar como apoyo y al que hemos de agradecer que nos recuerde la necesidad permanente de progresar, de salir de la zona de confort para adentrarnos en la de desarrollo…
Una buena gimnasia emocional es tener presente cómo pensamos y nos sentimos en el pasado cuando se producían cambios, cómo los resolvimos, cómo contribuyeron a ser lo que somos y guardar todos esas sensaciones y emociones para que nos acompañen en esta nueva aventura.
Desde nuestra experiencia en CORAOPS, tanto en Consultoría de Desarrollo como en Coaching Ejecutiva, si las personas conocen estrategias y no las emplean en su día a día, es porque tienen obstáculos personales que las dificultan.
Los procesos de coaching, tanto individual como de equipo, posibilitan tomar conciencia de dichas creencias y emociones limitantes e improductivas, y animar y retar a establecer acciones para lograr los objetivos.
El Coaching Ejecutivo, como herramienta en cambios organizativos, optimiza los aprendizajes y el compromiso para crecer, desde el respeto y el reconocimiento, pues dispone de oportunidades para compartir sus buenas prácticas (lo que sirve de refuerzo y celebración, fortaleciendo con estos ritos la cohesión del equipo) y se maximiza el modelaje y la motivación de logro, replicando lo que otros ya han hecho y les ha aproximado al éxito. Con ello, también se fortalece la cohesión y el alineamiento del equipo, con su impacto sistémico de resultados a la organización y todas las personas que la integran.
Así mismo, el periodo inter-sesiones del proceso de Coaching Ejecutivo CORAOPS ofrece la alternativa deponer en práctica las estrategias aprendidas, comprobando los resultados y, durante la fase de seguimiento, exponer los resultados al resto de integrantes, concitando celebración y refuerzo, amén de invitando a la acción a otros.

Artículo de Belén Fuentes Izquierdo, Coach Senior CORAOPS, PCC por ICF
